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Dante E. Zegarra López, Periodista, Arequipa (Perú)

domingo, agosto 14, 2005

Una estatua de plomo para un confesor

Una estatua de plomo para un confesor
Dante E. Zegarra López


“Era muy viejo cuando lo vine a conocer y tan extrema su flaqueza que no parecía sino hecho de raíces de árboles”, escribía Santa Teresa hablando sobre su confesor, amigo y santo fray Pedro de Alcántara.

Pobre, humilde, penitente, reformador, maestro de oración, franciscano y extremeño santo, fray Pedro de Alcátara cuenta con una escultura de cuerpo entero y tamaño natural en el monasterio de las carmelitas descalzas de Arequipa.

Su imagen, de un peso descomunal, constituye una de esas piezas únicas y escasas, por no decir raras, que han sido guardadas durante años en los claustros de observancia teresiana, titulado San José y que el común de la gente le reconoce como de Santa Teresa.

La imagen de color cetrino, corresponde a la descripción que hiciera santa Teresa de Jesús y fue trabajada en plomo.

Según los entendidos, es una muestra del estilo de la Escuela Quiteña. Esa escuela acostumbraba a trabajar las manos, los pies y las cabezas de sus imágenes vaciadas o esculpidas en plomo, pero en dimensiones pequeñas.

La obra que ahora exhibe el monasterio teresiano de Arequipa en su Museo de Arte Religioso, tiene el tronco de madera pero ambas extremidades y la cabeza con de plomo.